24 jul. 2017

La tribu de los desconectados





   Hace poco apareció la noticia de cómo estaban espiando a varios de los columnistas, activistas de derechos humanos e intelectuales mexicanos. La periodista Carmen Aristegui lanzó la voz de alarma sobre una vigilancia estricta a la que estaba siendo sometida no solo ella, sino su hijo menor de edad también. Llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, todo parecía estar sujeto a un control pormenorizado.
   Poco a poco, los mexicanos descubrieron que el gobierno de su país le había comprado a la compañía israelí NSO Group un programa espía llamado Pegasus. En conjunto, desde el 2011, el gobierno de México ha invertido cerca de 80 millones de dólares en ese tipo de estrategias de espionaje y vigilancia. Sobra aclarar que esos programas se diseñaron para seguir a terroristas, traficantes de armas y capos de las mafias internacionales. Y en lugar de vigilar a delincuentes de verdad, el gobierno de Peña Nieto terminó espiando a líderes opositores, activistas anti-corrupción y abogados que llevan las causas de los desaparecidos de Ayotzinapa.
   Los mexicanos, entonces, nos enviaron un mensaje muy claro: si esto está sucediendo en nuestro país, es muy posible que otros países latinoamericanos hayan comprado exactamente el mismo programa Pegasus o programas similares que activan las cámaras y los micrófonos de nuestros teléfonos celulares sin que lo notemos.
   A los colombianos, obviamente, esto no nos coge por sorpresa. Ya desde los años ochenta, en cualquier manifestación, proclama o entierro de políticos de izquierda asesinados se veía a supuestos fotógrafos de prensa tomando imágenes de cada uno de los asistentes. Todos sabíamos que eran los organismos de seguridad del Estado registrando de manera paranoica a los que estaban ahí presentes. Click, click, click. Luego, a cada sujeto se le abre un expediente con su respectiva carpeta en donde están sus amigos, sus colegas de trabajo, su pareja, sus gustos, sus inclinaciones políticas o sexuales.
   Unos años después llegó el escándalo de las chuzadas telefónicas y todos supimos que nos tenían intervenidos y vigilados. El Gran Hermano. Nadie podía hablar en privado, opinar, hacer bromas o sencillamente divagar sin ser escuchado. El delito fue tan grave que llevó al cierre del antiguo DAS (Departamento Administrativo de Seguridad).
   Pero resulta que esto se viene haciendo desde el mismo momento en que apareció la red. Cada uno de nosotros tiene un perfil ya definido. Cada vez que ingresamos a una página a consultar algo, cada vez que leemos un medio de comunicación virtual, cada vez que compramos un objeto, que pedimos un domicilio o que dejamos un mensaje en un buzón de correo se termina de definir nuestro perfil. Lo saben todo: si el sujeto tiene novia, si es infiel con una o varias amantes, si es un bisexual camuflado, si ve películas románticas o de ciencia ficción, si le gusta la astronomía o si pasa horas metido en páginas porno. Cada uno de nosotros está estudiado y se sabe si puede llegar a convertirse en una amenaza potencial. Cualquier movimiento que ejecutemos ya está previsto en el tablero por Big Brother.

   Así es como están actuando en Estados Unidos para rastrear a los inmigrantes ilegales y así es también como en nuestros países dan rápidamente con cualquier opositor que les incomode. Todos estamos siendo vigilados permanentemente. Por eso hay ya una corriente de artistas e intelectuales que están regresándose a los viejos celulares que no tenían internet ni WhatsApp, solo llamadas normales y mensajes de texto. Esos viejos chécheres que no tienen GPS y en los cuales es imposible revisar el correo electrónico. También se están saliendo de las redes sociales, de Instagram, Facebook y Twitter. Solo usan, de vez en cuando, el correo para asuntos de trabajo y nada más. Es la nueva tribu de los desconectados que todo lo prefieren cara a cara. Conforman una secta que está intentando no aparecer en las pantallas, una secta de individuos invisibles muy difíciles de rastrear, un grupo sin hábitos ni gustos de consumo, un grupo que añora un antiguo privilegio que está defendido en las viejas democracias auténticas: el derecho a la privacidad y la intimidad.

18 jul. 2017

Muere Klauss Salcedo



   Hoy, en la prensa roja capitalina, como sacado de un capítulo de Scorpio City, apareció el asesinato de Klauss Salcedo, uno de los protagonistas de Paranormal Colombia y uno de los personajes claves de La ciudad jamás contada en el periódico El Tiempo. Los lectores del libro seguramente lo recordarán.
Paz en su tumba.




17 jul. 2017

Contactos





En el mundo de los contactados y abducidos hay de todo: psicóticos, mitómanos, adictos a la celebridad y narcisistas sin remedio. Pero a veces, en la maraña confusa de los inadaptados fraudulentos del mundo ovni, aparece alguien con una prueba difícil de refutar, con un relato escalofriante o con una sencilla historia sólida y convincente.
Por eso psiquiatras con reputaciones intachables como John Mack, de la Universidad de Harvard, han llegado a la conclusión de que muchos de ellos están diciendo la verdad, que no quieren figurar en los periódicos ni convertirse en estrellas. Sencillamente están contando algo que les sucedió y que, en muchos casos, destruyó su vida y los convirtió en pacientes psiquiátricos. Algo que los partió en dos y que los dejó a medio camino entre esta y otra realidad donde habitan unos seres inter-dimensionales cuyo origen aún está por explicarse.
Uno de esos casos fascinantes es el de Stan Romanek. Ha expuesto varias pruebas de objetos metálicos volando por el aire a gran distancia en distintas carreteras de los Estados Unidos. Fotos, videos y grabaciones caseras que, al menos hasta ahora, parecen auténticas y sin alteraciones de ninguna clase.
Su casa fue alguna noche visitada por una luz intensa que dejó quemada toda una pared y buena parte del tejado. En sus grabaciones y fotografías se pueden ver esos seres pequeños y de ojos rasgados a los que la tradición alienígena ha llamado los grises.
También le han introducido objetos extraños debajo de su piel y alguna vez se curó de una lesión en la pierna sin que los médicos comprendieran cómo se había sanado de la noche a la mañana sin la cirugía que ya tenía prevista.
En una conferencia que estaba dictando sobre el fenómeno ovni de pronto una mujer que estaba en el auditorio le pareció familiar, extrañamente cercana. Se acercó a ver de dónde la conocía. Ella se alegró de ese reconocimiento y poco a poco, entre ambos, empezaron a recordar que habían sido abducidos al mismo tiempo. También descubrieron que el objetivo de esos secuestros estelares era la reproducción: habían cruzado sus óvulos y su esperma para crear a siete seres híbridos que se llevaron quién sabe con qué oscuros propósitos.
Para confirmar sus aseveraciones, Romanek se sometió a hipnosis con un psiquiatra reconocido. Durante las sesiones no solo confirmó todo lo que antes había afirmado en su vida consciente, sino que además copió en una hoja una ecuación matemática que le acababan de dictar. El astrónomo Dana Thibault la revisó y dijo que, en efecto, se trataba de altas matemáticas que quizás explicaban un viaje cuántico a una velocidad mayor que la de la luz.
Pero de todas esas pruebas extrañas, a mí las que más me atraen, curiosamente, no son las visuales, sino las auditivas: unas llamadas de procedencia desconocida en las que una de sus hijas híbridas le dice con una voz metálica que lo quiere y que lo extraña. Fascinante.
Varias veces Romanek fue intimidado y amenazado para que se callara, para que no siguiera hablando en sus conferencias. También lo han atacado desde distintos frentes. Finalmente, autoridades norteamericanas afirmaron haberle encontrado en su computador imágenes de pornografía infantil y lo detuvieron y procesaron por ese delito.

Y siempre me hacen la misma pregunta: ¿pero usted realmente cree en eso, usted cree que es verdad? Y yo siempre respondo igual: a mí no me interesa la verdad, sino la belleza. Y nadie puede decir que ser secuestrado por seres de otros mundos, tener hijos híbridos en el cielo y estar conectado a otras dimensiones no es mucho más bello que pagar facturas, hacer fila en el banco y pasar hojas de vida sin esperanza alguna.

11 jul. 2017

La verdadera revolución





   Al comienzo creímos que la intolerancia y la violencia llegarían del bando de esa derecha recalcitrante y ciega que asesinó a Bernardo Jaramillo, a Pardo Leal, a Pizarro y a miles de integrantes de la UP. Así lo indicaban las temibles cifras de defensores de derechos humanos eliminados de un modo tenebroso en los últimos meses.
   Y de repente estalló la bomba en el Centro Comercial Andino y todos quedamos perplejos, sin saber bien qué era lo que estaba ocurriendo. Como la Fiscalía está tan desprestigiada por los últimos escándalos, y como tantas veces nos han metido gato por liebre, fue difícil tragarnos esa versión de que unos estudiantes y egresados de la Universidad Nacional estaban implicados en los hechos. Creímos que se trataba de otro falso positivo, como tantas veces lo han teatralizado en el pasado. Y no, parece que, en efecto, hay pequeños grupos todavía que creen en la lucha armada, en poner bombas y matar inocentes. Qué disparate.
   Es de no creer que uno vaya a la universidad y no aprenda el valor de la democracia, del respeto, de la alteridad. Es increíble que llegue un proceso de paz y haya gente todavía añorando las pistolas, los morteros y las granadas. Ahí se nota todo el daño que nos han hecho, todo lo maltratados y lesionados que estamos. No podemos estar tranquilos y en paz, necesitamos de las balas y los revólveres. Necesitamos de la agresión y del ejercicio de la fuerza sobre los otros. Y cómo se nota también que no tienen ni idea de lo que es una revolución.
   ¿Qué es lo que se espera de nosotros, los colombianos? Que seamos precisamente violentos, déspotas, agresivos. ¿Qué hay de nuevo en eso? Nada. Esa es la imagen que hemos proyectado durante décadas enteras. El cliché del colombiano en el extranjero está relacionado con mafiosos, sicarios, guerrilleros, paramilitares y secuestradores. Por eso nos toca a veces aguantar largos interrogatorios y requisas en todos los aeropuertos del mundo. Esa es la imagen que hemos brindado de nosotros mismos.
   Entonces, ¿qué de revolucionario hay en creer que es preciso matonear, amedrentar y asesinar inocentes? Nada, eso es lo que hemos hecho hasta el cansancio: corte de franela, corte de corbata, secuestro exprés. Somos unos duros en prácticas tanáticas. Somos los Señores de la Muerte.
   Lo revolucionario está en exactamente todo lo contrario: en no agredir, en ser solidario, en ayudar a los otros, en ser disciplinado y creativo. Lo raro en Colombia no es traficar armas y matar gente. Lo extraño es pasar años estudiando y preparándose, inventar nuevas formas de pensamiento, pintar, hacer cine, escribir libros, diseñar nuevos aparatos, construcciones, puentes y avenidas. Un auténtico revolucionario es alguien que al dar la vuelta completa (una revolución) sale al otro lado transformado por completo en otro sujeto.
    Los colombianos estamos cansados de matones, nos importa poco si justifican esa pose con ideologías de izquierda o de derecha. En el fondo se parecen, son iguales: vaqueritos jugando a quién desenfunda más rápido. ¿Hasta cuándo nos tocará aguantar esta ralea de cowboys creyéndose los salvadores del mundo mientras disparan a diestra y siniestra?

   Lo que estamos necesitando es médicos investigando, filósofos, astrónomos, físicos teóricos, ingenieros mecánicos, chefs, músicos, diseñadores gráficos. No saldremos de este ciclo repitiendo conductas nefastas y enfermizas. Saldremos comprendiendo que podemos ser otros, que no estamos condenados a los estereotipos que nos impusieron a las malas. La verdadera revolución no tiene que ver con la fuerza, sino con la inteligencia. No es un problema de fusiles ni de bombas, sino de libros y lápices. Esa es la verdadera sorpresa, eso es lo que nadie se espera de nosotros. Y por eso vale tanto la pena intentarlo a fondo: porque es mucho más difícil.

16 jun. 2017

Vacaciones



Aquí les dejo algunas recomendaciones de series para las vacaciones, por si en algún momento se animan a verlas. Desde historias policíacas detectivescas hasta fantasía pura. Es preciso descansar también y recargar baterías. Felices vacaciones.

Saludos para todos, MM.

Cuatro estaciones en La Habana - Trailer HD

Homeland - Promo Trailer Español, Temporada 1

THE OA - Tráiler español en HD

JESSICA JONES - Tráiler 2 en español HD

'Mar de plástico' - nueva serie de Antena 3

Trailer OFICIAL de la serie Bajo Sospecha.